Sicartsa fue “complejo de Babel” por combinar tecnologías del mundo: Molina

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Carlos Molina, compartió anoche con el auditorio de El Noticiero de este diario, las casi 4 décadas que le tocó trabajar en Sicartsa y luego ArcelorMittal.

Por Francisco Rivera Cruz

El 4 de noviembre de 1976, el complejo siderúrgico local, entonces Siderúrgica Lázaro Cárdenas-Las Truchas, S.A. (Sicartsa), y al compartir la experiencia de su paso por esa industria, el ingeniero Carlos Molina, la rememoró como “complejo de Babel”.

Si bien la planta fue vanguardista, complicó su construcción, montaje de equipos y arranques operativos ya que las tecnologías provenían de varios países.

La mina francesa, concentradora alemana, peletizadora alemana, coquizadora japonesa, Alto Horno italiano, BOF austriaco, colada continua canadiense, un laminador inglés y otro alemán y con partes americanas, recuerda el ahora empresario y hasta hace cinco años involucrado con los procesos productivos del acero.

Se convivía con alemanes, japoneses, ingleses y otros que aprendieron más rápido español que nosotros sus idiomas, en parte porque ya tenían otras experiencias de estancia en el país, pues habían estado en obras, montaje y pruebas operativas de Altos Hornos de México, Fundidora Monterrey, Aceros Nacionales y otras plantas.

Sobre el proyecto de la siderúrgica que estaba considerado para cinco etapas, desde producción de barras y palanquillas de acero hasta elaborar una gama de productos de acero, opinó que la primera etapa consumió prácticamente todos los recursos económicos.

Desafortunadamente, se detuvo el proyecto y el pueblo se quedó esperando las siguientes etapas. El “ya mero, y ya viene”, apenas alcanzó para en los años 80s una pequeña parte de la segunda etapa, cuando se contó con un sistema de reducción directa, cuya obra civil y equipo estaba ahí, sin embargo, el Horno se vendió.

Carlos Molina, originario de Pátzcuaro e ingeniero formado en la segunda generación de la especialidad en Procesos Siderúrgicos por el Tecnológico de Morelia, ingresó a Sicartsa unos meses antes de la inauguración oficial de la planta.

Quien ingresó como inspector de control de calidad en Colada Continua, compartió que en primeros años, “no nos distinguíamos quienes éramos de confianza y sindicalizados”, ya que los conflictos laborales, fueron apareciendo con los años. “Comíamos mismo plato, compartíamos alimentos”, recuerda.

Fue un inicio muy bonito, con mucha automatización aunque muy baja si lo comparamos con la tecnología de hoy, de importancia entonces, dijo.

Citó que en el año 1977 se experimentó la primera huelga, y la idea que mantiene es que estos movimientos paralizan la ciudad, paran la economía.

De la etapa de Villacero, el grupo regiomontano que en 1991 adquirió de la planta su primera etapa, indicó que se aumentó la producción debido a que se automatizaron áreas y equipos, lo cual dio levantón a la producción de aceros.

En su sentir, quien operó tanto la planta de Colada Continua de Sicartsa como de Ispat, fue acertado vender la empresa, porque el sentido del gobierno no es crear y mantener plantas productivas.

Pedida su opinión sobre los conflictos sociales-sindicales, dijo que es tema delicado, dado que el trabajador tiene legítimo derecho de vivir mejor y el empresario a producir y obtener ganancias, pero cuando la balanza se va hacia un lado, los problemas empiezan.

“Es áspero el tema de conflictos porque algunos pudieron ser innecesarios”, externó antes de referir que en 2006 –con el jueves negro–, todos terminamos perdiendo. La afectación social fue perder dos hombres de la producción del acero y la planta a sus pérdidas millonarias sumó que debieran pasar seis meses para retomar operaciones.

Compartió satisfecho, entre otras vivencias, que no tuvo problemas con los trabajadores porque el diálogo y buena voluntad se antepusieron; haber logrado varios récords de producción, viajar a muchas partes del mundo representando a la acerera, y haber trabajado por la certificación de la siderúrgica con un ISO.